Agosto de 1972.
Cárcel
de máxima seguridad de Rawson.
Patagonia Argentina.
El plan de fuga de más de un centenar de presos políticos
bajo la dictadura militar se pone en marcha.
Algunos logran alcanzar el cercano aeropuerto de Trelew,
su puerta de escape hacia el Chile socialista.
El resto correrá distinta suerte.
Trelew es un punto de quiebre,
presagio de lo que vendrá
en un país que ya no será el mismo.
Por qué trabajar sobre un tema difícil, silenciado
por años?
Por qué meterse en cuestiones que el tiempo convirtió
en un tema maldito?
Estas eran preguntas que nos formulaban una y otra vez,
cuando el equipo que hizo Trelew, se obstinó en saber
más y más.
Por
qué Trelew?
Porque sí.
O en todo caso otra pregunta: por qué, no?
Y ahí la respuesta es fácil: Trelew nos explica
el presente, Trelew nos cuenta de una generación
que tomó la decisión de enfrentar un proyecto
de país y construir otro. Y no pudo, o mejor dicho,
no la dejaron. Los resultados son hoy la miseria, los miles
de jóvenes sin trabajo y sin futuro.
Trelew nos explica.
Si leemos entre líneas, Trelew nos aclara lo que
vino después.
Pero Trelew porque sí, esencialmente, porque no pude
correrme cuando supe un poco, y después fue tarde,
me enamoré.
Sí, me enamoré de Trelew, de esa historia
no de héroes intocables, sino de cuento pequeñito,
de cuento de la solidaridad de aquellos habitantes de la
extensa patagonia, que decidieron entrar a un penal de máxima
seguridad a llevarle cigarrillos, queso y pan, a esos jóvenes
presos que además de enfrentar a una dictadura militar
y hacer la revolución, también reían
y jugaban al fútbol y cantaban chacareras y zambas
de pabellón a pabellón...

Trelew porque no podía
entender y quería explicarme, la fortaleza de aquellos
que lo perdieron todo -sus hijos-, y que sin embargo se
pararon firmes en sus dos piernas, para pelear contra aquella
dictadura del Gral. Lanusse, y gritarle en la cara que aquéllo,
a pesar de las versiones oficiales, había sido un
asesinato, un fusilamiento cobarde.
Trelew porque me conmovía
el gesto de la mamá de Eduardo Capello, que perdió
a sus dos hijos... y la mirada de Tito, un poblador que
se obstinó en ser solidario con aquellos jóvenes
y terminó preso en el mismo penal.
Y Trelew también, porque,
cuando leí en una vieja publicación los recuerdos
del padre de María Angélica Sabelli (una de
las jóvenes acribilladas que solo tenía 23
años) que no recordaba dónde había
besado a su hija por última vez, si en la frente
o en la mejilla, ya no pude dejar de contar la historia.
Mariana
Arruti
Directora

Dice
la crítica:
*
* * * * “...UNA OBRA MAESTRA”
EXCELENTE
Miguel
Russo, revista veintitrés
“...GIGANTESCA...la fuerza del más
vívido
y apasionante relato de aventuras”
Horacio Bernades, Página /12
“Muy buena…transporta como en un túnel
del tiempo
al momento y al lugar.”
Jorge Belaunzarán, revista TXT
“...la solidez narrativa de un thriller político
a lo
Costa Gavras”
Diego
Lerer, Clarín
“...Un
excelente film. El cine argentino nunca se atrevió
a hacerlo.”
Fernando
Martín Peña, revista Roolling Stone
“Trelew…demoledora.”
Lilian
Ivachow, revista EL AMANTE

Ningún miembro de la Marina aceptó dar una entrevista relacionada a los hechos ocurridos el 22 de agosto de 1972 en la Base Almirante Zar.
Aunque la censura fue absoluta y los periodistas perseguidos, todo el pueblo sospechó desde un principio quiénes eran los culpables de la masacre de Trelew.
La Armada Argentina se negó a dar una declaración oficial para este film.
La dictadura militar encabezada por el General Lanusse respondió con el fusilamiento de 16 presos políticos a la fuga de la cárcel de Rawson y al apoyo popular a los movimientos revolucionarios.
Hasta hoy no ha habido ningún juicio ni condena por los hechos que aquí se narran.